¡Que bueno sería ser hurón por un día! Dormir a pata ancha y con la lengua afuera. Desperezarnos durante minutos, bostezar hasta tragarnos el mundo. Comer sólo lo necesario, y cuando nos venga en gana. Jugar hasta desmayarnos en una hamaca. Danzar como una comadreja cuando nos enojamos. Explorar incansablemente, sin preocuparnos por lo que vendrá. Disfrutar intensamente...